Hoy, mis cambios de humor y mi tendencia a refutarme continuamente me han llevado a pensar que tal vez esto no se para. Que tal vez llegue un día que marque el fin del fin, el principio de la segunda parte. El día en el que me trague mis palabras y te diga que mi cabeza me jugó una mala pasada, y lo que sentía sí era amor.
Y es que hay veces que creo que he decepcionado al mundo, que todo ha aguantado tal como estaba excepto yo. Nuestro banco sigue en el mismo sitio de nuestro parque, echándonos de menos, al igual que el camarero que siempre nos ponía lo mismo en nuestro bar, y el taxista que siempre nos llevaba a casa y te mantenía todo el trayecto hablando de fútbol mientras yo me aburría. Apuesto a que hasta aquella señora que se nos quedaba mirando indignada cuando nos besábamos en la calle durante horas también nos extraña.
A veces pienso que tengo yo la culpa de todas las cosas que hicieron que no funcionara, que nadie es perfecto, tampoco tú, y tenía que haberlo sabido soportar mejor. Porque, pensándolo bien, quitando 2 meses por delante y 4 meses por detrás, hubo más de 365 días en los que fuimos un pack, en los que nunca nadie decía mi nombre sin decir el tuyo detrás.
Y sí, fue culpa mía por no pararte los pies, fue culpa mía por consentírtelo todo, por no poder vivir ni un solo día sin saber de ti. Y el mayor de lo errores fue que tú lo sabías. Y es que tengo una curiosa manía de hacer saber a la gente que me he vuelto loca por ella, y aún sabiendo que eso solo empeora las cosas lo hago. De hecho, después de ti, lo volví a hacer.
Hoy, es un día de esos en los que pienso que nadie me va a querer como tú. Que por más que intente cambiar mi vida para estar mejor, tú eres el único que me ha dicho “te quiero” de verdad. Pensé que podría ser feliz sin ti, pensé que lo estaba consiguiendo, pero no, esto es una mierda, todo es una mierda.
Aunque tú esto nunca lo sabrás, nunca leerás este texto y yo nunca te diré nada.