A veces los pequeños paréntesis de tu vida provocan páginas y páginas en tu pensamiento, formando capítulos completos en los que te preguntas que hubiera pasado si… , en los que huyes de aquellos deseos que te llevaste y que llevas contigo. Entonces cuentas los días que han pasado desde aquella vez que quisiste detener el tiempo, que pensaste: no quiero que este momento termine, y cuando termina, vuelves a donde estuviste aquel día, al lugar o lugares que no quisiste dejar y te conviertes en espectador de tus propios recuerdos, comprendiendo mientras pasan que cada vez que vuelvas te faltará ese alguien para compartir esa magia que dejaste y que ahí sigue.
Como esta es mi carta de despedida, poco importa ya dejar algo en la recámara o esconder las pruebas del delito, ya sé que no lo pediste, pero aquí lo tienes, sin medias tintas, sin las excusas de aquellos cuentos efímeros que conseguían alargar el ya conocido final.Los aspectos omitidos te los puedes imaginar; no pienso en mí sin ti, no puedo pensar en mis días pasados, gracias a ti, con claridad y no hay un mañana en el que no desee que tú estés. Sé que no te gusta, así que no diré los tres tópicos prohibidos que invaden los regalos de san Valentín y que todos sabemos en al menos tres idiomas, aquellos que todos alguna vez sentimos y hoy me ha tocado a mí.
Creo que esto es suficiente, y que no conviene dar más explicaciones de las necesarias, en realidad es muy simple, al menos para ti.
Yo mientras tanto, preparo mi silencioso final, en el que no habrá un tú que pierda algo importante ni un yo que pase página, en el que solamente será eso, una más para ti, por que los milagros no existen, y los deseos no se cumplen.
Yo mientras tanto, preparo mi silencioso final, en el que no habrá un tú que pierda algo importante ni un yo que pase página, en el que solamente será eso, una más para ti, por que los milagros no existen, y los deseos no se cumplen.
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